Qué haré con estas manos
si no tengo donde agarrarme.
Caeré en el olvido,
que es el peor de los vacíos.
Me recordarán tal vez mis escritos,
hasta que el tiempo acabe también con ellos.
Se quedan encerrados en libretas
los miedos,
hasta que vuelva a pasar las hojas
sin pasar páginas.
Soy un cuentacuentos y ya no me queda nada por vivir.
He contado mi vida y resulta que era mentira.
Me derrumbo entre sueños mal edificados
en acuarelas movedizas.
Debí verlo cuando se me hundían las manos,
que los pantanos no aguantan bien tanto peso.
Pero estaba ciego.
Utilicé mi bastón de bandera
porque nadie me dijo que así no era
y ahora he perdido bastón y guerra.
Pero al menos me llevo mil heridas,
que han quedado de puta madre en la pared.
Y así acumulo mis relíquias
entre cuadros y desdichas,
escritas en papel.
Descripción del blog
Combinación de escritos e imágenes, palabras y esbozos, o, al fin y al cabo, letras y trazos. Textos variados con sus respectivos dibujos de aquello que evocan. Aquí encontraréis aproximadamente cada semana una dosis de ideas y sensaciones, un intento de transmitir nuestra visión de la realidad, o de hecho, nuestra ficción.
Páginas
jueves, 30 de abril de 2015
miércoles, 18 de marzo de 2015
Cruzar sin mirar
Ni entiendo ni lo intento,
Este andar perdido,
Con mosaicos y estampados
A mis pies mientras ando.
¿porqué?
Queréis que andemos cabizbajos,
Que me fije en la pétrea flor que piso
Y no se marchita,
Queréis que no me de cuenta de que hay más y muchos que andan a mi alrededor.
Y yo al suyo.
Con un devenir tácito, como un acuerdo en silencio, un contrato o una orden de alejamiento.
Y cruzar sin mirar nuestras miradas.
sábado, 17 de enero de 2015
Stendhal
¿Qué extraño mecanismo os hace mover así?
Y dar a luz este sinfín de sonidos,
os convertís en música.
Estremecéis el alma y siento que se unen,
las vibraciones en vuestras cuerdas
con los pulsos electromagnéticos de mis pensamientos,
todo aquí son pulsaciones.
Y laten al son de vuestra canción.
Mis manos, mis pies, mis recuerdos,
todos ellos.
Bailan y bailan mientras tocáis y tocáis.
Claro, eso es música,
el bailar de pies y sentidos,
de memorias y tangos.
Un, dos, tres
y ahora rock’n'roll
como un relámpago atraviesa el corazón,
qué contento estoy, qué alegría me invade,
tú que eres tan energía,
a veces envías piedras a rodar,
me golpeas por todos lados,
me siento vapuleado.
Pero estos moratones que me das,
qué bien me sientan.
Y vuelta al tango,
un, dos, tres.
Siento que me muevo agarrado a tu partitura.
¡Ay qué curvas tan rectas hay en tu pentagrama!
Venga, sorpréndeme,
qué viene ahora.
¿Un blues?
¡Ah no! Te gusta jugar,
y te has puesto a tocar jazz.
Dios mío qué gozo,
con esté frenesí que ni entiendo ni oso.
Dejarse llevar es mucho más fácil.
Y dar a luz este sinfín de sonidos,
os convertís en música.
Estremecéis el alma y siento que se unen,
las vibraciones en vuestras cuerdas
con los pulsos electromagnéticos de mis pensamientos,
todo aquí son pulsaciones.
Y laten al son de vuestra canción.
Mis manos, mis pies, mis recuerdos,
todos ellos.
Bailan y bailan mientras tocáis y tocáis.
Claro, eso es música,
el bailar de pies y sentidos,
de memorias y tangos.
Un, dos, tres
y ahora rock’n'roll
como un relámpago atraviesa el corazón,
qué contento estoy, qué alegría me invade,
tú que eres tan energía,
a veces envías piedras a rodar,
me golpeas por todos lados,
me siento vapuleado.
Pero estos moratones que me das,
qué bien me sientan.
Y vuelta al tango,
un, dos, tres.
Siento que me muevo agarrado a tu partitura.
¡Ay qué curvas tan rectas hay en tu pentagrama!
Venga, sorpréndeme,
qué viene ahora.
¿Un blues?
¡Ah no! Te gusta jugar,
y te has puesto a tocar jazz.
Dios mío qué gozo,
con esté frenesí que ni entiendo ni oso.
Dejarse llevar es mucho más fácil.
lunes, 5 de enero de 2015
Desiertos de papel
Llueve mares dentro de esta habitación tan pequeña,
y yo no puedo dejar de pensar en desiertos, dunas y arena.
¿Por qué sabe a sal si es tan azul?
¿Quién demonios eligió este papel de pared?
Y qué hago yo aquí,
si ni es mi casa ni estoy vivo.
Tal vez no estoy solo.
Tal vez hay alguien más mirando.
Mirándome.
Y la música empieza.
Y las trompetas son tan mudas.
Y los tambores tan ciegos.
Qué habitación tan rara.
¿Quién me está mirando?
Será algún tambor,
será alguna trompeta.
Oh, mierda.
¿Pero no era ciega?
Qué vida más rara.
La vida cabe dentro de la habitación,
Oh, mierda.
¿pero no estaba muerto?
Qué más da si el desierto es azul.
Y la arena salada.
¿Quién demonios eligió este papel de pared?
domingo, 30 de noviembre de 2014
Recuerdos y un trastero
Y es que a veces, se me olvida la memoria.
Subo a buscarla al trastero que tengo arriba
donde dejo aquello que sucedió en otro presente.
Dejo el corazón en casa
que ya sé qué le pasa
si lo saco de paseo,
se altera y lo desordena todo.
El trastero está lleno de perfumes,
de frascos con etiquetas y nombres,
de esas mujeres que tenían su forma de juzgarme.
Lo dejaron todo manchado de ese olor tan suyo
y yo los guardé aquí, por orden alfabético.
En un rincón puse la cafetería donde íbamos a tomar té,
Y a lo lejos la calle esa pequeña, estrecha,
perfecta para ir de la mano.
Encima un diván guardo besos,
más de tres.
En un baúl tengo todo aquello,
de cuando era niño.
Mil piezas de Lego
y aquella niña de trenzas morenas,
del verano en el pueblo.
En un ataúd,
los recuerdos tristes
y algún cadáver,
que es mejor no despertar.
Y en la cama estás tú.
Te pregunto qué haces aquí,
si te dejé abajo.
Y dices que ya te has ido
Que me has dejado solo,
y ahora estás en un frasco,
en un olor o en un perfume.
Búscame, dices.
Y me doy la vuelta
y me doy cuenta.
Corazón ha subido sin permiso.
Muy mal, corazón, muy mal.
Castigado.
Te has quedado sin sexo y sin besos.
viernes, 31 de octubre de 2014
Pasar haciendo segundos
Por pasar pasaba hasta el tiempo.
Y los días.
Y las horas.
Y los minutos.
Pero no los segundos.
Cada segundo seguía ahí,
pegado a la piel.
Nos hicimos un abrigo con ellos
y así el tiempo pasaba,
pero pasaba tan lejos
que no nos dábamos cuenta.
sábado, 11 de octubre de 2014
Morir
Morir,
morir como mueren las palabras,
ahogadas entre papeles.
morir como mueren las palabras,
ahogadas entre papeles.
Morir,
morir como mueren los días,
acunados por la Luna.
Morir,
morir como muere el fuego,
cuando lo quema todo.
morir como mueren los días,
acunados por la Luna.
Morir,
morir como muere el fuego,
cuando lo quema todo.
Morir,
morir como si el futuro
fuera cosa del pasado.
morir como si el futuro
fuera cosa del pasado.
Pero sobre todo morir,
morir mil y una veces más.
Morir más y mejor cada vez,
con más ganas.
morir mil y una veces más.
Morir más y mejor cada vez,
con más ganas.
Solo el iluso y el poeta quieren vivir,
mi ilusión era ser poeta,
y ahora ha muerto con este poema,
así que no queda más que morir.
Hasta que vivir no tenga sentido,
hasta que morir sea el único camino.
mi ilusión era ser poeta,
y ahora ha muerto con este poema,
así que no queda más que morir.
Hasta que vivir no tenga sentido,
hasta que morir sea el único camino.
¡Pero morir, morir solo para renacer!
Renacer como renacen las palabras,
cuando alguien vuelva a pasar las páginas.
Renacer como renacen las palabras,
cuando alguien vuelva a pasar las páginas.
Renacer como renace el día
cuando se va la Luna.
Renacer como renace el fuego,
de sus cenizas aún calientes.
de sus cenizas aún calientes.
Renacer como renace el futuro,
cuando solo queda el presente.
cuando solo queda el presente.
Morir solo para renacer,
para que morir tenga sentido,
para que vivir sea el resto del camino.
para que morir tenga sentido,
para que vivir sea el resto del camino.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Vuelos
La rutina nos adormece las percepciones y la capacidad de sorprendernos por las vivencias que hoy se han convertido en el pan de cada día. Así lo siento ahora mismo en el avión en el que voy. Aunque haya volado muchas veces, por primera vez me he dado cuenta de que estaba volando. De que para mirar las nubes tengo que agachar la cabeza, y no levantarla. Todas esas pequeñas islas que surcan los cielos, descargando tormentas, rociando baldías tierras después de tres meses de sequía, estos entes inmortales y etéreos a la vez, estos seres superiores, quedan hoy a mis pies. Hoy mando yo. No parece que el resto de pasajeros se den cuenta, tal vez algún niño.
Todo queda muy lejos, todo está muy, muy abajo. Cuando voy al baño, meo a dos mil metros de altura. Repito, estoy meando a ocho mil metros. Ocho mil putos metros. Si la orina se dejará caer a través de un agujero, según mis cálculos, llegaría al suelo a unos 400 metros por segundo, que són 1400 kilómetros por hora. Contando la fricción del aire y otros factores diremos que llega a 1000 kilómetros hora. Eso es orina golpeando el suelo a más velocidad que un fórmula uno. Que el tren bala de Japón. Mi meado es el vehículo más veloz del planeta.
Al asomarme lo veo todo tan lejos que parece completamente inmóvil. Es como si al alejarme, todo restara quieto hasta que yo vuelva para darle al interruptor . Soy yo, al ir por los sitios, que creo el movimiento. Todo aquello que está suficientemente lejos, no es. No fluye. Es un cuadro o una postal. El río se convierte en un trazo de pincel que no va a desembocar en el mar, no erosionará las piedras por las que pasa, los peces no nadarán, quedarán ingrávidos, como las nubes. Yo dictaré cuando podrán volver a ser peces, a ser río. Seré el dictador del mundo. El emperador del movimiento. El fuhrer del suceder y el pasajero del 16C que se ha quedado dormido al soñar despierto.
Despierto una hora después y un golpe de estado me ha bajado de las nubes y enderrocado mi imperio. Estamos ya en tierra y toca coger las maletas y bajar uno por uno por las escalerillas. Somos doscientos pero sé que solo uno ha volado.
lunes, 8 de septiembre de 2014
Quid es?
¿Quién soy?
No puedes preguntarme eso.
¿Te pido yo quién eres?
¿Cómo iba a hacerlo?
¿Para qué querría saberlo?
Me da miedo saber quién eres,
Que sepas quien soy.
Pídeme quién fui.
Puedo contarte quien fui,
porque ya no es.
Fui cobarde.
Fui niño.
Fui valiente,
para no parecer cobarde.
Fui varias veces.
Unas me parecía a mí,
otras no tanto.
A veces ni siquiera fui.
Erré sin querer y pequé sabiendo.
Y no me arrepiento.
Fui esclavo y dueño.
¿No es eso lo que quieres saber?
¿No es suficiente?
No puedo decirte quien soy,
Pues dejaría de serlo.
Sabes que no soy él ni tú.
Conformarte con eso.
jueves, 7 de agosto de 2014
Retratos
Esperamos que estéis disfrutando del verano. Como sabéis, en Letrazos nos gusta probar cosas nuevas, así que os traemos una nueva propuesta de post ¿Qué alegría verdad?
Al leer, muchas veces ponemos rostro a personajes que no nos describen físicamente. Con estos post queremos jugar con ello. A partir de un relato sobre algún personaje, Joana ha hecho un dibujo sobre él. Queremos que vosotros mismos os lo imaginéis y después echéis un vistazo al dibujo para ver si se parece al que vuestra imaginación ha creado, o por el contrario no se parece en nada. Si nos dejáis un comentario sobre ello estaremos muy contentos.
Hay veces en que un hombre con las arrugas dispuestas en un orden concreto, un gesto involuntario o el uso de una palabra ya olvidada por los jóvenes, me recuerdan a mi tío abuelo Marco. Marco era uno de esos hombres que podía decir orgulloso que se había hecho a sí mismo. Que había recorrido los senderos de su vida sin vacilar y si alguna vez los encontraba tapiados, siempre conseguía dar con un atajo o un resquicio por el que seguir. Era el abuelo que se sentaba en los bancos de los parques ansioso de que alguna víctima despistada, un oyente potencial de sus aventuras, se sentara a su lado. Claro, que visto así y con estos elogios deben imaginar que era un hombre modélico, un ejemplo a seguir. No quisiera yo que cayesen en el error de admirarlo por la devoción que le tuve de joven y que puede empañar este texto de una subjetiva sensiblería hacia el sujeto. A mí me gustaba porque era divertido y siempre fui su favorito, pero aún así era un capullo. Sé que cuesta ahora, añadir a la imagen de hombre mayor curtido y afable que se habían forjado, estos atributos. Pero no debemos dejarnos llevar por el respeto que las personas de edad avanzada nos pueden causar, ya que es engañoso y como me ha enseñado la experiencia, los abuelos también pueden ser idiotas, imbéciles o gilipollas. Hay características que ni los años olvidan, ni las arrugas disimulan, y Marco era un abuelete muy cabrón.
Le recuerdo sobre todo por la historia sobre uno de sus hermanos, que solía contarme como lección de vida. Sentado en su sillón orejero de su piso en el centro, de una decoración atascada en el tiempo que no había cambiado en años, riendo entre dientes, empezaba su coloquio. Lo hacía como el que sabe que le escuchan, no por sabio, sino por viejo. Contaba que cuando él tenía catorce años y uno de sus hermanos, veinte, acaeció que el susodicho llegó a casa sudoroso y turbado. Marco, sabía que estaba saliendo con una chica de catorce años. Añadía, también, que su hermano no era lo que podría calificarse de lumbrera. Era más bien tonto, corto, idiota o como se prefiera definirlo sin ofender a su memoria. El caso es que el chaval era de pocas luces y llegó a casa cerrando la puerta tras de sí mientras desde la calle, con el balcón abierto, se oían los gritos de su padre. Por lo que pudo interpretar de ellos, el padre se había enterado de la relación con la chica, y no solo eso, sino que al parecer sabía también que la había dejado embarazada. Y llegó el fatídico momento en que el adúltero salió al balcón para afrontar el bochorno al que le estaba exponiendo el padre, cuando de pronto éste le gritó que bajara inmediatamente. Dicho y hecho, en menos de tres segundos estaba abajo. Había dejado el balcón en caída libre. Desde un quinto. La gente especuló si fue porque el chaval no supo reaccionar y vio el suicidio como única vía de escape ante su desesperada situación, o que simplemente era idiota. En todo caso hizo lo que su padre le pidió. Marco, que añadía mil detalles más a la narración, llena de improperios e insultos hacia su fallecido hermano, terminaba la historia con una moraleja. Al final, decía, en la vida no se trata de ser más o menos listo; sino de no ser el imbécil que salta desde un quinto piso.
El destino tiene una macabro sentido del humor con el que gastar bromas a la vida, y en una de éstas Marco murió al caer desde una ventana de su piso en el centro al intentar matar un mosquito. Era un sexto.
lunes, 28 de julio de 2014
La muerte y otros personajes de ficción
Creo que es de justicia que llegados a este punto les cuente cómo conocí a la Muerte. Hace ya cinco años de aquello, pero esas experiencias quedan grabadas en la memoria como tatuajes. Poco podía imaginarme que cuando esa mañana de noviembre llamaron a la puerta, sería la Muerte quien apretaba el timbre. Me llevé un susto de muerte.
Mirar cara a cara a la Muerte es una experiencia estremecedora. Aunque no la hayas visto nunca, de inmediato sabes que es ella. La guadaña y la cara esquelética ayudan, claro. Pero hay algo más en esos ojos azules como el hielo, si el hielo fuera azul, que transmiten a través de un escalofrío esa sensación de que ha llegado tu hora.
Hay muchas formas de reaccionar a la Muerte. Con el tiempo vas aprendiendo que la más sensata es la resignación. Empezar a gritar e intentar huir solo empeora las cosas, porque le complicas la faena y ya tiene suficiente con tener un trabajo de mierda como para ir persiguiendo a idiotas que no aceptan su destino.
Como es evidente, yo me puse a correr y gritar como alma que lleva el diablo y en menos de diez segundos ya estaba en el suelo. Así que la lección es, si os encontráis con la Muerte no huyáis, no sirve de nada, lleva muchos años en el negocio y corre más que vosotros.
Resulta que por protocolo antes de morir, debe preguntarte por tu nombre. Así que una vez me hube calmado un poco e invitarla a un té o café dijo que no tenía tiempo y preguntó:
- ¿Eres tú Juan Viláez Carmona nacido en Calafell?
- No.
- Vamos tío no seas coñazo. Tengo mucho trabajo por delante y no puedo perder el tiempo.
- Que no, enserio. Yo nací en Barcelona. Debes tenerlo mal apuntado.
- Mierda ¿Seguro que no me mientes eh?
Acto seguido le di mi DNI donde dice claramente que nací en Barcelona. Se quedó extrañada y sacó un teléfono de algún bolsillo escondido.
- Oye Pedro, que pone que Juan Viláez Carmona es de Calafell y el de aquí es de Barcelona ¿Puedes comprobármelo? ¿Hay dos dices? ¿Joder pero no vivía aquí el de hoy a las diez y cinco? Vale, vale. No voy a llegar al siguiente. No hombre que tienes mucho trabajo. De verdad, tranquilo, ahora me las apaño. Perfecto, buena idea. Venga. Hasta luego.
- ¿Eres tú Juan Viláez Carmona nacido en Calafell?
- No.
- Vamos tío no seas coñazo. Tengo mucho trabajo por delante y no puedo perder el tiempo.
- Que no, enserio. Yo nací en Barcelona. Debes tenerlo mal apuntado.
- Mierda ¿Seguro que no me mientes eh?
Acto seguido le di mi DNI donde dice claramente que nací en Barcelona. Se quedó extrañada y sacó un teléfono de algún bolsillo escondido.
- Oye Pedro, que pone que Juan Viláez Carmona es de Calafell y el de aquí es de Barcelona ¿Puedes comprobármelo? ¿Hay dos dices? ¿Joder pero no vivía aquí el de hoy a las diez y cinco? Vale, vale. No voy a llegar al siguiente. No hombre que tienes mucho trabajo. De verdad, tranquilo, ahora me las apaño. Perfecto, buena idea. Venga. Hasta luego.
Mientras hablaba por teléfono pasaban miles de imágenes por mi cabeza. Por ejemplo pensé en mi madre, cómo se iba a enfadar si se enteraba que me moría así sin más, sin avisar. O en aquel monólogo de Woody Allen, en el que decía que cerca de morir le pasó toda la vida por delante, aunque al final resultó que era la vida de otro. Puto Woody.
- Mira la cosa va así. Resulta que hay otro Juan Viláez Carmona y por algún extraño motivo se han confundido al darme la dirección. Así que estás de suerte. Era el otro el que debía morir. El problema es que voy fatal de tiempo. Tengo una muerte en Valencia dentro de media hora y voy tarde. Tendrás que hacerme un favor. Te doy la dirección del otro Juan y lo matas por mí. Sé que es un marrón pero imagina por lo que paso yo cada día. Piensa que el tío ya está muerto, tú solo tienes que tramitarlo ¿De acuerdo?
- Bueno, bien. Qué remedio.
- Perfecto. Mira te dejo una parca y una guadaña que tengo aquí de repuesto. Sé que es un engorro pero el jefe se pone muy pesado con lo del uniforme.
- Bueno, bien. Qué remedio.
- Perfecto. Mira te dejo una parca y una guadaña que tengo aquí de repuesto. Sé que es un engorro pero el jefe se pone muy pesado con lo del uniforme.
Sé lo que están pensando. Que podía decir que no, que aquello no iba conmigo y que el problema era suyo. Pero piénsenlo un segundo. Decirle que no a la muerte es de héroes en novelas clásicas. Yo era un chaval que acababa de cumplir los veintitrés. Vamos, que no tenía cojones a decirle que no, ni creo que los tuvieran ustedes si la vieran ahí sentada en su sofá, con guadaña y todo.
Me dio la dirección que estaba a unas cinco paradas en metro y me dirigí hacia allí. No tenía ni idea de como hacerlo. Pensé en matarlo directamente sin decir nada, coger algún cuchillo o cuerda y al lío, pero era muy brusco, no era propio de gente civilizada. Igual hablando con él y explicándole la situación lo entendía y… No, no creo. Decidí ir improvisando.
Llegué al piso y subí hasta el cuarto primera. Llamé al timbre. Esperé. Parecía que no había nadie en casa, pero al intentar abrir la puerta vi que ésta cedía. Entré dentro y me dio aprensión encender la luz, así que forcé la vista hasta encontrar un lugar donde sentarme. No tenía pensado ponerme el uniforme pero pasaban los minutos y me aburría esperando. Finalmente me decidí, aunque fuera para matar el tiempo. Cuando me ajustaba la capucha oí la puerta abrirse. Me incorporé por acto reflejo y vi como el otro Juan encendía la luz a tiempo para verme a mí, vestido de parca, en medio de su comedor. No se lo creerán pero murió del susto. Un ataque al corazón, un infarto. En un minuto caía fulminado al suelo. Sé que no está bien decirlo y menos en circunstancias como éstas, pero me alegré. Me había quitado un muerto de encima.
Cuando bajé a la calle me sentí un poco desorientado. No sabía qué debía hacer ahora. Seguir con mi vida normal me parecía egoísta después de lo sucedido. Iba a necesitar mucha terapia para superar aquello, justo ahora que había superado lo de los tics. Noté como la gente empezaba a mirarme por la calle, con cejos fruncidos y niños que se agarraban más a sus padres al pasar por mi lado. Entonces me di cuenta, aún llevaba el uniforme. Me lo quité y lo guardé en la mochila como recuerdo.
Unas horas después, cuando llegué a casa, apenas cinco minutos después de entrar, estaba a punto de ir a la ducha cuando llamaron al timbre. Y por segunda vez en el mismo día apareció la Muerte en el rellano de mi casa.
- ¿Eres tú Juan Vilaez Carmona nacido en Barcelona?
- ¿Qué? ¡No me jodas! ¿Yo también muero hoy? ¡He hecho lo que me has pedido!
- ¿Eres tú Juan Vilaez Carmona nacido en Barcelona?
- ¿Qué? ¡No me jodas! ¿Yo también muero hoy? ¡He hecho lo que me has pedido!
Soltó una tétrica carcajada y dijo:
- ¡Es broma hombre! Tengo libre y estaba por aquí, así que he decidido pasarme para agradecerte lo de antes ¿Te apetece ir a tomar unas birras?
Y así es como no solo conocí a la Muerte sino que nos hicimos amigos. A pesar de que va muy liada al menos una vez al mes, cuando tiene un hueco, quedamos para tomar algo y ponernos al día. Sí, se lo he preguntado más de una vez pero no ha querido decírmelo. Dice que en la vida hay dos cosas que es mejor no saber. El día en que morirás y de qué están hechos los kebab.
miércoles, 23 de julio de 2014
domingo, 15 de junio de 2014
Sinestesia
Escúchame cuando te miro. Mírame cuando te huelo. Huéleme cuando te grito ¿Han dejado de ver tus orejas? ¿Ya no escucha tu boca? Se han cansado de hablar tus ojos, como tus caricias, ahora son mudos, como tus labios, ahora son sordos. Qué bien mordías con tus ojos, qué bien tocabas con tus dientes. Y tus manos, qué bien comían. Y ahora callas. Todo tú es silencio.
miércoles, 28 de mayo de 2014
miércoles, 21 de mayo de 2014
La voz de la experiencia
¿Los años? Los años me han dado buenos momentos, malas experiencias y días de mierda. Me han hecho mejor mentiroso y peor persona ¿Quieres un consejo? Nunca hagas caso a alguien que ha vivido muchos años más que tú. Te mentirá porque te tiene envidia. Y tu le creerás porque tiene experiencia. Te dirá cosas como asentar cabeza y mirar dos veces antes de cruzar. A él le dijeron lo mismo, hizo caso y claro, ahora se muere de asco ¿Quieres un consejo de verdad? Cruza sin mirar. Serán ellos los que frenen asustados.
miércoles, 14 de mayo de 2014
¿Cómo lo haces?
"Muéstrame la cara oculta de Luna y dime que no eres ciega cuando miras al Sol sin cerrar los ojos y estornudas y siguen abiertos ¿Cómo lo haces? Seguro que puedes lamerte el codo. Quién iba a decirte que serías más libre ahora que no estás viva, supongo que a los muertos no os exigen todas estas tonterías de la anatomía."
domingo, 4 de mayo de 2014
Aquí no pasa nada
Y pasan las horas, pasa el tiempo, pasan las cosas.
¿Oiga ha visto la vida pasar?
Y responderá hace tiempo que aquí no pasa nada,
Pero es mentira y la vida se larga
Y yo me aburro de pensar en qué pensar
El hastío de los días se me clava como agujas,
Y se me encharcan los pulmones de angustia
Porque pasa un día y otro día y otro día y otro día y otro día y otro día y un día más y pasa una semana, dos semanas, tres semanas, cuatro semanas y es un mes, y mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes, mes tras mes ya ha pasado un año. Y año año año año
año año año año año año año año año año daño año año año año año año ha pasado mi vida y yo sin vivir.
miércoles, 23 de abril de 2014
Sant Jordi
"Quan l'espasa s'enfosava al pit, atravessant el cor, se n'adonà. El drac era ella."
Feliç diada de Sant Jordi!
martes, 15 de abril de 2014
Llamada perdida
El otro día llamé a Dios,
a cobro revertido por favor
susurré a media voz.
Y dime señor,
cuándo seré lo bastante mayor
para morir y que a nadie le sepa mal decir adiós.
Dime padre qué debo hacer para que digan se va el mejor,
y no sea verdad.
Que todos piensen perdedor
y a mi funeral solo vayan a preguntar qué dejó.
No me mientas,
di si no es cierto
que me hiciste para deshacer.
Perdona, hablo sólo de mí,
sé que tú también lo pasas mal.
Di, tienes tú un Dios al que llamar,
cuando no puedes dormir
y das vueltas a la cama,
para acabar con la cara
pegada a la pared.
A sentir el frío,
a saber que sigues vivo.
Confiesa que tienes miedo a la muerte.
A mí no me engañas
con todo ese cuento inmortal.
Sé que tú también te sientes solo
y vas al espejo a ser dos.
Se me hace tarde
y no te engañaré,
no creo mucho en ti,
así que dime la verdad,
¿Eres tú mi Dios,
o he vuelto a marcar mal?
Pero como siempre tres tonos
y saltó el contestador.
domingo, 30 de marzo de 2014
Póstumo
Estaban todos reunidos alrededor de la tumba, donde en breves sería enterrado el
ataúd. Nadie lloraba pero los rostros eran de pesadumbre, caras largas,
adecuadas dadas las circunstancias. Sin duda se trataba de un funeral. Había unas veinte personas reunidas en círculo rodeando la sepultura y una de ellas, algo más cerca, daba lo que parecía el discurso antes de echar mano a las palas,
exaltando al muerto.
-Fue un hombre trabajador, amigo de sus amigos, un gran...-iba diciendo en su habitual coloquio el sacerdote que oficiaba el funeral.
-¡Un momento! ¿Amigo de sus amigos? ¿Pero qué mierda es eso?
-Perdone esto es un rito fúnebre, podría...
-Ya sé que es un funeral, muchas gracias. Lo que no entiendo es como tiene los cojones de decir amigo de sus amigos. Hasta el mayor hijo de puta es amigo de sus amigos. Si tienes amigos, por pocos que sean, serán tus amigos ¿no? Ya sé que están aquí para honrar al muerto y decir cosas bonitas de él pero por favor, puestos a inventar mentiras sean más originales. Además vista la cantidad de gente aquí tampoco tenía muchos amigos ¿verdad?
-¿Se puede saber quién es usted?
-Yo soy el que lo mató.
-¿Qué ha dicho?
-Que lo mató él.
-Está loco
-Escuche este hombre murió de causas naturales, nadie lo mató.
-Eso es lo que dijeron en la autopsia ¿no? De lo contrario no habría hecho bien mi trabajo.
-Voy a llamar a la policía. Que se lleven a este payaso.
-Eso, llame y diga que en el funeral de su amigo está el que lo asesinó. Seguro que se lo toman muy enserio.
-¿Se puede saber qué ha venido a hacer aquí?
-A comprobar que todo ha salido bien.
-Este tío está chalado. Haga el favor de largarse se lo digo por última vez.
-Venga ya, yo al menos soy sincero. Estáis todos aquí, fingiendo, dando muestras de tristeza por la muerte de un hombre al que ni llegasteis a conocer. Vuestras razones tendréis supongo, sea por apariencias o por el dinero de la herencia. Pero ahora que estamos solos, que él ya no está, ¿Por qué no le dicen lo que no se atrevieron en su día? No me creo que no les quedara nada por decirle. Escúpanle a la tumba.
-Ya está bien, voy a llamar.-repitió el cura.
-Espérese. Este loco tiene razón. Fue un hijo de puta y todos lo sabéis. A muchos de los que estamos aquí nos amargó la vida por mucho que lo quisiéramos, y se fue si pedir perdón ni permiso.
Un leve murmullo de aprobación se escampó entre los pocos presentes mientras el cura se escandalizaba por lo que veía. La mujer que había dicho estas últimas palabras se acercó al ataúd, escupió y se fue dirección al aparcamiento. Uno a uno el resto de asistentes repitió el ceremonial, hasta que quedó solo el cura, incapaz de pronunciar palabra, junto al hombre que había empezado aquella locura.
- ¿Se puede saber quién es usted y a qué ha venido?- dijo al fin el sacerdote.
- Tan sólo quería comprobar una cosa.
- ¿Qué?
- Que me enterraban como merecía.
-Fue un hombre trabajador, amigo de sus amigos, un gran...-iba diciendo en su habitual coloquio el sacerdote que oficiaba el funeral.
-¡Un momento! ¿Amigo de sus amigos? ¿Pero qué mierda es eso?
-Perdone esto es un rito fúnebre, podría...
-Ya sé que es un funeral, muchas gracias. Lo que no entiendo es como tiene los cojones de decir amigo de sus amigos. Hasta el mayor hijo de puta es amigo de sus amigos. Si tienes amigos, por pocos que sean, serán tus amigos ¿no? Ya sé que están aquí para honrar al muerto y decir cosas bonitas de él pero por favor, puestos a inventar mentiras sean más originales. Además vista la cantidad de gente aquí tampoco tenía muchos amigos ¿verdad?
-¿Se puede saber quién es usted?
-Yo soy el que lo mató.
-¿Qué ha dicho?
-Que lo mató él.
-Está loco
-Escuche este hombre murió de causas naturales, nadie lo mató.
-Eso es lo que dijeron en la autopsia ¿no? De lo contrario no habría hecho bien mi trabajo.
-Voy a llamar a la policía. Que se lleven a este payaso.
-Eso, llame y diga que en el funeral de su amigo está el que lo asesinó. Seguro que se lo toman muy enserio.
-¿Se puede saber qué ha venido a hacer aquí?
-A comprobar que todo ha salido bien.
-Este tío está chalado. Haga el favor de largarse se lo digo por última vez.
-Venga ya, yo al menos soy sincero. Estáis todos aquí, fingiendo, dando muestras de tristeza por la muerte de un hombre al que ni llegasteis a conocer. Vuestras razones tendréis supongo, sea por apariencias o por el dinero de la herencia. Pero ahora que estamos solos, que él ya no está, ¿Por qué no le dicen lo que no se atrevieron en su día? No me creo que no les quedara nada por decirle. Escúpanle a la tumba.
-Ya está bien, voy a llamar.-repitió el cura.
-Espérese. Este loco tiene razón. Fue un hijo de puta y todos lo sabéis. A muchos de los que estamos aquí nos amargó la vida por mucho que lo quisiéramos, y se fue si pedir perdón ni permiso.
Un leve murmullo de aprobación se escampó entre los pocos presentes mientras el cura se escandalizaba por lo que veía. La mujer que había dicho estas últimas palabras se acercó al ataúd, escupió y se fue dirección al aparcamiento. Uno a uno el resto de asistentes repitió el ceremonial, hasta que quedó solo el cura, incapaz de pronunciar palabra, junto al hombre que había empezado aquella locura.
- ¿Se puede saber quién es usted y a qué ha venido?- dijo al fin el sacerdote.
- Tan sólo quería comprobar una cosa.
- ¿Qué?
- Que me enterraban como merecía.
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